Mostrando entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de noviembre de 2013

La Abadía de Carfax, en el BARS


El martes 5 de noviembre, a las 18 hs., en el festival Buenos Aires Rojo Sangre (BARS), será la presentación de La Abadía de Carfax, círculo de escritores de horror y fantasía, grupo que ahora tengo el honor de liderar. Hablaremos sobre nuestros orígenes, profundizaremos acerca de las tres antologías que ya publicamos (y que podrán adquirir allí mismo) y leeremos dos cuentos. 
Si quieren saber de literatura de terror argentina moderna, no pueden faltar.

lunes, 20 de febrero de 2012

Cuento en Axxón


Mi cuento "9:14:32" fue publicado en Axxón, una de las más prestigiosas revistas virtuales dedicadas al género fantástico. Un honor para mí.
El cuento, aquí mismo.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Urbania


El viernes 21 de octubre será la presentación de Urbania, antología de narrativa argentina. Incluye mi cuento inédito "El conversador". ¡Todos invitados!




martes, 19 de julio de 2011

“Sanguinetti”

En 2006, mi cuento “Sanguinetti” obtuvo el Tercer Premio en el Primer Concurso Anual Internacional de Relatos Crepúsculo. Además de hacerme acreedor de dinero y de un diploma, la pequeña obra fue publicada en la edición 2007 de la revista Crepúsculo. No, nada que ver con Bella y Edward: se trata de una publicación dedicada a la psicología y la literatura.

Así como hace poco subí scans de mi cuento publicado en el Diario Perfil, ahora postearé “Sanguinetti”.

Es verdad que el pasaje a la revista no fue del todo perfecto (algunas frases que iban aparte aparecen pegadas en el párrafo anterior y falta un espacio activo), pero igual sigue siendo positivo el hecho de ser publicado.

¡Que lo disfruten!




sábado, 18 de junio de 2011

Rebelde (mi cuento publicado en Perfil)

Aquí está “Rebelde”, mi cuento publicado en Diario Perfil el domingo 12 de junio.

Es verdad, hay algún que otro moco que el editor no vio, y la minibiografía es del año pasado (en un principio, el microrrelato iba a ser publicado en octubre de 2010)

Pero nadie me quita la alegría.

También está online el cuento, junto con el resto del suplemento cultural. Sólo tienen que cliquear aquí.




sábado, 5 de marzo de 2011

MATIAS ORTA. PARTE 2

Segunda parte de la entrevista.

9. Te une una gran amistad con SEBAS DE CARO, de ahí que participaste en su film RECORTADAS. ¿Qué nos podes contar de esta experiencia cinematográfica?
Seba es cinéfilo, melómano, futbolero, un diccionario viviente de la cultura pop. Pero sobre todo, es un gran tipo, muy generoso. Le estaré siempre muy agradecido por la oportunidad.

Hacer Recortadas fue una experiencia como las que tuve pocas. Nunca había estado involucrado en largo, pese a mis ganas de siempre. Seba formó un equipo técnico y artístico buenísimo. Muy laburadores y muy buena gente. Un placer compartir momentos con aquel grupo. Y eso que pasamos por situaciones extrañas, como tener que filmar en medio del campo, en medio de la madrugada, durante la época de la quema de pastizales, a principios de 2008. Humareda por doquier. Pero estuvo muy bueno. Seba la tiene clara a la hora de elegir y dirigir actores. Y sabe filmar. Había hecho otras películas antes de Recortadas, así que está muy curtido.

Yo era y sigo siendo el blogger de la película. El contenido consiste en entrevistas al equipo, crónicas de las jornadas de rodaje y otras cosas de ese estilo. Y hasta me tocó actuar como un enfermo que chatea con una de las protagonistas, jajaja. Muy graciosa esa parte, jajaja.

Recortadas pasó por festivales de cine, ganó premios y fue editada en DVD por VideoFlims. Pero lo mejor de todo fue la experiencia de haberla filmado.

10. Hablando de Sebas, ¿nunca pensaron llevar una de tus historias al cine? ¿O al menos en un corto?
Nunca hablamos al respecto. No es mala idea. Quién te dice, jaja.

11. Trabajaste en la radio (EL GATO DE LAS NUEVE COLAS, en Nacional Rock). ¿Cómo fue la experiencia? ¿Te gustaría tener tu propio programa?
Desde hace años me interesaba participar en radio, pero no había tenido oportunidad. Todo cambió el año pasado. Surgieron varias oportunidades al mismo tiempo. Primero fui invitado a hablar de cine en el programa de unas chicas que estudian en ISEC. Hablé sobre Volver al futuro y, otro día, sobre Tiburón. Luego se dio la columna de cine en El Fin del Finde, programa de radio que va los domingos de 6 a 8 de la mañana, por FM Nacional Rock. Claro que, como participamos quienes hacemos A Sala Llena, nos turnamos para hablar sobre una peli a elección de cada uno. Así que ahí participo cada mes y medio, más o menos. Casi al mismo tiempo surgió lo de El Gato de las Nueve Colas, también por Nacional Rock, pero de lunes a jueves de 22 a 00 hs. A mí me tocaba hablar los miércoles, sobre tres películas de determinada temática: películas para enamorarte, películas para descargar la furia, etc. El programa era conducido por Sebastián Rotstein, a quien conocía por Recortadas (él la co-escribió), incluso de antes. Un tipazo, Mr. R, también muy generoso. Se arriesgó al darme la oportunidad, pese a mi casi nula experiencia. Fue espectacular lo que viví en El Gato... Sobraba la buena onda. Si bien mi participación era telefónica (vivo en el Sur del GBA, y la radio está en el Centro), pude ir algunas veces a la radio. El 90% de las veces se notaba que yo era nuevo en el medio radial, pero R y su equipo me daban mucha confianza. Lástima que el programa no se siga haciendo este año. Ya lo extraño.

A la par, con mis colegas se A Sala Llena empezamos A Sala Llena Online Radio, que se puede escuchar en la página web de Radiofona. Hablamos de los estrenos de la semana y de temas como la tecnología 3D. Yo no pude participar muy activamente, debido a temas personales (mudanza, bah). Pero volveré.

12. Escribís en la revista de cine más popular del país (LA COSA), ¿cómo fue pasar de ser lector a ser parte de la misma?
Conocí La Cosa en 1996, casi cuando empezaba. Es más: Marcelo di Marco era Secretario de Redacción de la revista durante ese tiempo. Marcelo me regaló un número de La Cosa y fue como amor a primera vista (sí, tremendo lugar común, jaja). Yo ya conocía Fangoria, la edición española, pero La Cosa era mejor. Para empezar, era argentina y entendía todos los chistes, jajaja. Estuvo bueno enterarme de que los responsables eran Axel Kuschevatzky (a quien tenía de la televisión) y a Guillermo Hernández, crítico de cine de Cuál Es, el programa de radio conducido por Mario Pergolini. Y mirá qué chico es el mundo: Marcelo y Guillermo fueron compañeros de trabajo en una mensajería, y Nomi, la esposa de Marcelo, fue profesora de secundaria de Axel. Según Marcelo, fue él quien los presentó. Enorme dupla.

Mi prime intento por escribir en la revista fue a los 17 o 18 años, no recuerdo bien. Mandé unas reviews, pero no pasó nada. Pensé lo mismo que con el programa de Lomas: “Mejor así”. Me faltaba aprender mucho todavía.

Empecé a escribir sobre cine y libros en 2003. Comencé en las revistas virtuales FIN y Axolotl, comandadas por compañeros de Carfax. Luego debuté en papel escribiendo para Haciendo Cine, y en 2006 volví a intentarlo en La Cosa. Y lo logré. Como todo el mundo, empecé con las reviews y enseguida pude escribir notas.

Me gusta participar en La Cosa. Otro excelente grupo humano, tanto los editores como los colegas colaboradores. Yo no veo mucho ni a Axel ni a Guillermo, pero son muy buena gente, no son caretas y te dicen las cosas claras desde el vamos, algo que no sucede en otras revistas de cine.

13. La pregunta obligada: ¿Qué pelis te influenciaron a lo largo de tu vida?
Uff, un montón, jaja. Gran parte figuran en la respuesta a la pregunta número 2. Pero no sólo terror hay en mi vida. Me gustan los musicales, las comedias románticas... Veo todos los géneros. Me interesa ver historias bien contadas, no extravagancias vanguardistas (aunque algunas tienen lo suyo estéticamente). Entre mis películas favoritas están Qué bello es vivir, La naranja mecánica, A la hora señalada, El ciudadano... Algunos de mis directores favoritos: Hitchcock, Carpenter, Cronenberg, John Ford, Howard Hawks, Billy Wilder, Leonardo Favio, José Martínez Suárez, Steven Spielberg, Martin Scorsese; Darío Argento, Sydney Lumet y Francis Ford Coppola en sus mejores épocas; George A. Romero, Brian De Palma, Robert Zemeckis, Tim Burton, Peter Jackson, Sam Raimi, Kathryn Bigelow, Frank Darabont, Spike Lee, David Fincher, Paul Greengrass, Christopher Nolan, Zack Snyder, Danny Boyle, Juan José Campanella, Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro, Alex de la Iglesia, Fabián Bielinsky... Y podría seguir, jaja.

Y me detengo en Carpenter. Dentro de poco (esperemos que este año, sí o sí) saldrá a la venta mi libro Encerrados toda la noche: el cine de John Carpenter. Fue un laburo soñado. Carpenter se merecía un libro de mi parte. Además, es uno de los pocos libros en castellano sobre este artista. Lo publicará la novísima editorial Cuarto Menguante. En breve, más novedades.

14. Hiciste animación en el corto FAMILIA, ¿harías algo más en este formato? ¿THOM?
Nunca consideré a Familia como de animación, pero en cierto modo lo es, porque está hecho con dibujos y montaje.

Haría algo mucho mejor, con un trabajo de animación mucho más serio y ambicioso. Sé que se necesita tiempo y paciencia para hacerlo. El tiempo es el problema. Pero tarde o temprano haré algo de animación.

15. Véndele a quienes aun no leyeron (lo mal que hacen) I LOVE LUCKY y THOM.
Lucky nació en 2003, aunque no se lo conocía con ese apodo. Ese año empecé a escribir una novela que terminé en 2008, pero entre reescrituras y correcciones está lista desde 2010. La idea del libro surgió del capricho y la arrogancia. De chico leí American Psycho, de Bret Easton Ellis. Tiempo después vi la película, protagonizada por Christian Bale. Me había enamorado del concepto, pero no me convencía cómo encararon el asunto. Y pensé: “Yo puedo hacerlo mejor que Ellis y que Mary Harron. Voy a agarrar esas mismas herramientas que ellos usaron para construir una mansión y construiré un palacio”. ¡Sí, un demente total! Así que puse manos a la obra. La novela cuenta las andanzas de Lucky, un asesino serial adolescente en la Argentina de los ’90. Pero no un freak sumiso, sino un muchacho carismático, inteligente, astuto, parecido físicamente a Leonardo DiCaprio. Un galán recio al que parece no faltarle ni dinero ni chicas ni amigo, pero siempre busca más. Pero mejor no seguir contando detalles, jaja. Es una sátira de la Argentina menemista, de esa ilusoria burbuja primermundista en la que vivíamos unos cuantos. Salvo Las viudas de los jueves, de Claudia Piñeiro, ningún libro se preocupó tanto en contar cómo fueron las cosas en esa época.

Como la novela todavía no será publicada y tenía ganas de mostrar al menos al personaje, decidí escribir cuentos con Lucky en su vida adulta. Tenía muchas ganas de mostrar al personaje a los veintipico, en el mundo actual, en la era de los celulares y las redes sociales. Quería mostrar cómo ciertas cosas nunca cambian, y tienden a empeorar. Seguro haya otra novela en el futuro, pero por ahora, cuentos que irán apareciendo en I Love Lucky, un blog que armé especialmente. Ya publiqué el primero cuento: “Marky Mark”.

Thom es distinto. Nació a mediados del año pasado, como una idea para un proyecto de animación, pero a futuro. Una historia con corazoncitos que se comportan como nosotros, en un mundo donde todos se enamoran y las parejas son correspondidas. Salvo para Thom, quien, harto delos reveses sentimentales, explota y comete atrocidades. Distintas circunstancias del año y medio anterior (tal vez de más atrás) me obligaron a dejar de lado otros proyectos para dedicar mis ratos libres a concretar Thom, pero en forma de cuento. Era escribir o romperle la cabeza a alguien. Así que armé un blog y publiqué una historia en tres partes. Me sorprendió la aceptación que tuvo. Igual, sabía que a la gente no le costaría identificarse con Thom: muchos padecimos reveces en el aspecto sentimental.

En cambio, sé que identificarse con Lucky puedo ser más complicado. Pero bueno, todos tenemos un lado oscuro y perverso que necesitamos canalizar. Lucky es como James Bond: aunque a veces nos cueste admitirlo, todos queremos ser como él. Además, ¿a quién no le gustaría violar, matar y torturar sin sentir remordimientos? Por lo menos, una vez en la vida estuvimos por caer bien bajo.

16. ¿Cómo paso MICHIFUS de ser un corto a un blog y luego a una página de música ochentosa?
¿Página de música ochentosa? ¡Jajajaja! Sí, hay algo de eso. Más que nada, en la página de Facebook del blog. Ahí inventé la sección OCHENTOSO MIL POR MIL.

Armé el blog a fines de 2006, para subir el corto y datos de cómo fue realizado y la repercusión en festivales y notas de prensa. Igual, desde el vamos aclaré que también serviría como blog personal, donde subiría comentarios de películas, de libros, de fútbol, de lo que fuera. Así que subo textos, fotos y videos de esas temáticas y de otras también, y propagandas de mis emprendimientos. Durante 2008 y partes de 2009 es cuando más bola le di. La frecuencia de los post decayó cuando me dediqué más a A Sala Llena, pero todavía subo material. Es uno de mis pocos espacios personales y voy a conservarlo.

17. ¿Nos podés adelantar cómo sigue I LOVE LUCKY y THOM?
Dentro de poco publicaré el segundo cuento sobre Lucky, titulado “English method”. Será mucho mejor que “Marky Mark”, que sirve más que nada para presentar al personaje.

También habrá más de Thom. Se llamara “Traición” y será diferente a la primera historia. Diferente, pero no menos violenta.

Además, habrán más creaciones en el futuro, si Dios quiere. Todavía tengo que dar muchísimo más. Siento que estoy demasiado estático, aunque me esté moviendo. Pero sigo haciendo. Sigo remando como puedo. Esto sonará exagerado, pero si no me expresara creativamente, sería un peligro para mí mismo y para la sociedad.

18. Hablando de I LOVE LUCKY, ¿está algo inspirado en tu amigo LUCAS ALBARN?

¡JAJAJAJAJAJA!

Contacto:

ortamatias@gmail.com

facebook.com/matiasortaar

twitter.com/matiasorta

http://elblogdemichifus.blogspot.com/

http://www.asalallenaonline.com.ar/

http://laabadiadecarfax.blogspot.com/

http://historiasdethom.blogspot.com/

http://ilovelucky-relatos.blogspot.com/

http://recortadas-lapelicula.blogspot.com/

Para verla en la página de Facebook, cliqueen aquí.

Para leer la primera parte, cliqueen aquí.


MATIAS ORTA: el terror ochentoso. PARTE 1


La primera parte de una entrevista que me hizo Leandro Adrian Balbuena para su página Cine fantástico y bizarro. No sé si me entrevistarán de nuevo alguna vez, pero dudo que cuente tanto como ahora: comienzos, influencias, Michifus, A Sala Llena, Thom, Lucky, Carpenter, De Caro, radio, La Abadía de Carfax, Recortadas, de todo. Tan larga quedó la entrevista, que hubo que partirla. ¡INFINITAS GRACIAS, LEANDRO!


1. ¿Cuándo te diste cuenta que escribir era lo tuyo?

Desde chico inventaba cosas. Dibujaba y escribía (es decir, hacía mamarrachos, jaja). Historietas, más que nada. Una, de pocos cuadritos, terminó apareciendo en el diario que hacíamos en la primaria, n un taller de periodismo. No era bueno dibujando, pero disfrutaba haciéndolo. También creaba historias cuando jugaba mucho con mis juguetes. No fue una buena época en lo personal. Era escaparme a un mundo aparte o volver loco.

Lo que inventaba eran casi copias de lo que veía por televisión. Solía dibujaba versiones más sangrientas de películas de terror, ciencia-ficción y fantasía que veía por la tele. Usaba crayones, y recuerdo que siempre se me partía el rojo de tanto darle. Así que nada muy original lo mío. Pero bueno, así somos todos de chicos.

Considero mi primer cuento uno que escribí a los 10 u 11 años, ahora no lo recuerdo. Era sobre un chico perseguido por un muerto viviente en una casa abandonada, o algo así, jaja. Era onda Terminator: el monstruo persigue a la víctima y parece no lo podés frenar con nada. Como los intentos de historietas que venía dibujando. A los 11 escribí un cuento sobre un chico que era molestado por un compañero de clase, pero molestado mal. Hasta que el chico pierde la paciencia y lo mata de un palazo, para luego enterrarlo en el jardín de la casa. Pero el compañero agresivo se levanta de la tumba. Fue una de las primeras cosas con elementos autobiográficos, y con expresiones de deseo muy oscuras. Me mudé hace poco y pude recuperar mucho de lo que hacía en aquella época, pero nunca encontré ese cuento. Pero sin dudas, quien se atreva a leer ese y el de la persecución en la casa notará que lo más terrorífico es la ortografía y el nivel de redacción, jajaja.

Con los años, empecé a dibujar menos y a escribir más. Pero no me gustaba lo que escribía. Sabía que los cuentos no estaban buenos, pero no lograba precisar por qué. A los 15 años, a la salida de la Feria del Libro, cayó en mis manos (nunca mejor utilizada esa frase hecha, porque casi surgió de la nada) una revista llamada Neuromante. Me cabió: contenía cuentos y notas de los géneros que me gustaban. En una de las últimas páginas figuraba una propaganda de un taller literario, a cargo de un tal Marcelo di Marco. Yo no sabía lo que era un taller literario, pero sospeché que tenía relación con eso que estaba buscando para mejorar mis cuentos.

En ese tiempo vivía —y todavía vivo— en Remedios de Escalada, y viajaba a Capital, con suerte, dos o tres veces al año. Pero empecé a ir seguido a partir de aquel año. Frecuenté las reuniones de los responsables de Neuromante y de otras revistas similares, en un bar de Congreso. Era el Círculo Argentino de Ciencia-ficción y Fantasía. Fue como ingresar a una dimensión paralela, más interesante que mi vida comunacha (ojo, para ese entonces mi vida personal era bastante más tranquila que antes). Esa gente veía las películas y leía los libros que yo había visto o leído o quería ver y leer. En una de esas reuniones pregunté por Marcelo di Marco, y me contaron cómo trabajaba.

Una o dos semanas después, como por un impulso, dejé los apuntes de Biología (tenía examen al día siguiente, pero no me importó) y llamé a Di Marco. Nunca había tenido contacto directo con un escritor y no sabía bien cómo debía expresarme frente a uno. La idea que yo tenía de un escritor era de un Borges: viejo, inaccesible, que hablaba usando frases complicadas y citando a filósofos aburridos de siglo atrás. Muy prejuicioso lo mío, ja. Resultó que Marcelo y yo compartíamos gustos literarios y cinéfilos. Fui a su casa unos días después y pegamos onda. Era como el padre que siempre haba querido tener. Se convirtió en mi mentor y en un gran amigo y confidente. Trabajamos varios cuentos y una novela: Ellos vendrán a devorarte, todavía inédita. Fui al taller desde 1996 hasta 2003, pero seguimos siendo grandes amigos y colegas y miembros de La Abadía de Carfax. Siempre le estaré agradecido a Marcelo.


2. ¿Siempre recurrís a dosis de gore y violencia explicita en tus cuentos? ¿Quiénes fueron y son tus influencias literarias y cinéfilas en esta área?
Sí, es verdad que varios de mis textos contienen sangre y situaciones desagradables. Pero también escribí cuentos más basados en los climas y la tensión, sobre todo mediante los diálogos. Durante años escribí cuentos de ese estilo, que fueron distinguidos en concursos literarios. La carnicería salvaje era más común cuando era chico, y revivió ahora, aunque con una impronta más madura, espero. Muchas veces, determinadas vivencias y frustraciones despiertan en vos tu lado más peligroso y desagradable. Y lo más sano e inofensivo es canalizarlo a través de actividades artísticas. En todo artista hay un criminal en potencia. Bah, a veces parece que no alcanza, como a Charles Manson, jaja.

En cuanto a las influencias en el área de gore y violencia, me críe viendo pelis de John Carpenter, George A. Romero, David Cronenberg, Wes Craven. También Darío Argento, Sam Raimi, Stuart Gordon, películas como El loco de la motosierra... Aunque por supuesto que vi mucho de la Hammer y de la Amicus y otras pelis de los ’50 y ’60, pesó más el terror de los ’70 y ’80. Actualmente, los mejores herederos de esa movida son Alexandre Aja, Eli Roth y Rob Zombie. Los franceses vienen haciendo pelis extremas, como Inside: la venganza, La frontera del miedo y, sobre todo, Martyrs. Por supuesto (y aquí caer en un lugar común), la película más aterradora que vi nunca es El exorcista.

Fuera del terror (bueh, no tanto, jaja) me impresionaron películas como La naranja mecánica, Saló y los 120 días de Sodoma, Réquiem para un sueño, las de Gaspar Noé... En los últimos años, mis textos más violentos tienen su influencia por ahí (a veces, ni siquiera por ahí) que por el lado del terror más clásico.

Pasando a la literatura, Edgar Allan Poe es ineludible. También Lovecraft. Richard Matheson es un genio. Y Stephen King, quien sigue siendo el referente en cuanto a literatura fantástica de los últimos cuarenta años, más allá de que escribió libros sin elementos fantásticos, que suelen superar a los otros, de por sí maravillosos. No puedo dejar de nombrar a las antologías que publicaba Martínez Roca a fines de los ’80 y comienzos de los ’90. Se la conocía como la serie Horror, y podías encontrar cuentos de King (infaltables) y de autores como Robert Bloch, Ramsey Campbell, Thomas M. Disch. Indispensables. Pero quien más me marcó de pendejo fue Clive Barker. Es como un artista del Renacimiento: hizo teatro, pinta, escribe, y dirigió películas, empezando por Hellraiser, otra de mis favoritas. Aunque donde más se luce es en su faceta literaria. Su colección de cuentos Libros sangrientos es de lo más sorprendente, perturbador, atrevido e imaginativo que leí nunca. Un cuento mejor que el otro. También conseguí sus novelas, cuasiinconseguibles en este país. Barker fue una influencia decisiva cuando escribí Ellos vendrán a devorarte.

En los últimos años, descubrí a autores como Alex Garland, Chuck Palahniuk... y también escritores argentinos muy grossos: Carlos Chernov, Rafael Pinedo, Gustavo Nielsen (que hace poco ganó el Premio Clarín de Novela) y Leonardo Oyola. Son autores que incursionan en el género fantástico, pero con una mirada muy personal. Me gusta en particular cómo Oyola combina elementos policiales con cultura pop.

3. ¿Cómo se te ocurrió filmar MICHIFUS?
Michifus fue un proyecto para el Cievyc, donde estudié cine. En 2003, a principios del segundo año de carrera, nos dieron a cada alumno 30 metros de fílmico, blanco y negro, para hacer un corto. Con esa cantidad de metro, no podíamos hacer algo que durara poco más de dos o tres minutos. Entonces me puse a pensar ideas y, como justo estaba preparando un proyecto creativo con asesinatos, se me ocurrió la idea para el corto. Era una idea simple, fácil de hacer y muy poderosa... y graciosa. Porque es muy truculento lo que sucede en el corto, pero también gracioso (¿?).

Lo escribí para que lo protagonizara un chico. No sabía quién, pero lo encontraría. Pero le conté a Pamela, mi hermana, y dijo que sería más tenebroso si era una nena la que actuaba. Como ella tenía 12 años y aún no había pegado el salto hormonal, decidí elegirla como actriz. Hicimos una prueba en el Cievyc, delante de mis compañeros, y todos quedaron impresionados. Quedaba genial Pamela.

El gatito también iba a ser otro, pero entre una cosa y otra debí recurrir a María Celeste, la mascota de una amiga. Tenía mis dudas, porque era un animal bastante viejito y arisco, y caminaba mal: de chiquita cayó al revés que los gatos normales, jaja, y se jodió la columna. Pero cumplió, por suerte, jaja.

Filmamos el corto el domingo 31 de agosto, y no hubo demasiadas complicaciones. Todo salió como estaba planeado, salvo por un detalle: originalmente el gatito debía beber leche del plato, pero no quería hacerlo. Así que optamos por la carne picada, que había comprado el día anterior por si acaso. Y eso sí comió, por fin. Como filmamos en 16mm, no había margen para el error. Las cosas salieron bien durante el rodaje, aunque hasta que no fui a Cinecolor y vi el material revelado nadie estaba muy seguro de cómo se vería. Los cortos que habían filmado mis compañeros tuvieron problemas de distinta índole, sobre todo técnicos. Por suerte, la imagen se veía de diez.

El corto fue presentado en sociedad en una muestra del Cievyc, en la sala 1 del cine Lorca. Los alumnos llevaron a sus familiares y amigos, pero yo fui solo. Sabía que Michifus estaba bien y quería verlo en pantalla grande, pero no tenía expectativas de nada. Pero a los presentes les encantó y fue uno de los cortos más votados. Fue como un presagio de lo que pasó después: fue semifinalista en el III Festival Crepusculum de Cine Fantástico; fue proyectado en el Buenos Aires Rojo Sangre; estuvo en Uncipar, donde lo pasaron tres veces a pedido del público... Hasta en el Malba lo proyectaron, en el Festival del FEISAL de 2005. Ver el corto en el Malba, donde uno va a ver clásicos del cine mundial, fue el colmo de la gloria. La respuesta del público no fue tan efusiva como en Uncipar, pero era el Malba y eso me emocionó.

Michifus integró la programación del Puerto Rico Horror Film Fest. Y todavía lo siguen difundiendo por la web y lo proyectan en bares culturales y fiestas. Todavía no puedo creer las alegrías que me dio ese corto. Bastante bien para ser algo en lo que ocurre determinada situación (no contemos cuál, jaja) y punto. Aún hoy muchos lo consideran mi mejor carta de presentación.

4. ¿Tenés pensado algún otro corto?
Después de Michifus hice otros cortos, de los que sólo rescato Familia, que es similar, pero mejor en varios aspectos. Pero, como suele pasar, aprendí más de los otros que no salieron tan bien.

Y tengo pensando otro corto. Pero mejor no anunciarlo más porque lo vengo posponiendo desde hace años, jaja. Hay ideas para cortos. Pronto estaré filmando algo. Siempre me digo que debería haber filmado más, en vez de escribir tantas críticas (que hago con gusto). Pero todavía soy joven, así que me queda mucho por hacer.

5. ¿Qué es LA ABADIA DE CARFAX? ¿Cómo surgió?
La Abadía de Carfax, círculo de escritores de horror y fantasía surgió a principios de 2005. Marcelo di Marco se dio cuenta de que varios de los integrantes de su taller literario tenían un gusto muy marcado por la literatura de temática extraña y terrorífica. Así que creó este hermoso grupo. Mis compañeros carfaxeanos son excelentes como personas y como escritores. Aprendo mucho de ellos y con ellos. Un privilegio compartir momentos junto a amigos así. Lo genial es que todos tenemos inclinaciones distintas dentro del género fantástico: a uno le tira más la onda Lovecraft, a otro el terror psicológico... y así nos complementamos.

Ya publicamos dos antologías, editadas por Elaleph.com: Cuentos de la Abadía de Carfax y Cuentos de la Abadía de Carfax 2. Se consiguen en las cadenas de librerías Cúspide y Paidós, y en www.elaleph.com. Y ya está en preparación la tercera parte. ¡Hay Carfax para rato!

6. En THOM e I LOVE LUCKY sobresale tu conocimiento sobre música, cine y redes sociales. ¿Cómo nació tu pasión por estas tres cosas?
Empecé a ver películas por televisión, no tanto por cine. No vengo de una familia de artistas ni de gente muy culta. De niño, muchas cosas las fui descubriendo por mi cuenta. Veía mucha tele, pero de todo: desde Flavia Palmiero hasta Hugo Guerrero Marthineitz, pasando por las telenovelas de Verónica Castro. (Y, en esa época no tenía cable, jaja). Mirar tele era otra vía de escape. Pero mi programación favorita eran las películas: Sábados de superacción y otros ciclos de pelis con monstruos, platos voladores, asesinos enmascarados y esas cosas que me gustaban. De chico me llevaban poco al cine, y para ver las típicas películas para chicos: las de García Ferré, Las aventuras de Chatrán... Después compraron la videocassettera y ahí sí pude elegir. Como siempre tuve buena memoria, me aprendía rápido nombres de películas, directores, actores, lo que fuera. A los 11 años casi entro a hablar de películas de terror en un programa de Lomas de Zamora, pero al final no se dio. Ahora que lo pienso, mejor así, jaja, porque era un ignorante. Todavía sigo aprendiendo y nunca dejaré de hacerlo.

Como casi todo el mundo, crecí con música. Tengo muy presente la de los ’80 y los ’90 porque crecí en esas décadas. Pero también de chico fui descubriendo al rock de los ’50, a Los Beatles, el heavy metal. Nunca pertenecí a ninguna tribu urbana, pero en la adolescencia a escuchar hard rock y heavy metal: Iron Maiden, Black Sabbat, Judas Priest. Metal de todas las épocas. Todavía me sigue cayendo bien el heavy, pero escucho de todo: glam rock de los ’70 —Bowie, T-Rex, Roxy Music—, punk rock —Ramones, The Clash—, new wave, electropop, bossa nova, de todo. Hasta admito que la cumbia y el reggaeton son indispensables para cualquier fiesta.

No me considero un apasionado de las redes sociales, aunque por momentos pareciera que sí, jaja. Empecé a usar Facebook en mayo de 2008 y de a poco le fui encontrando sus cosas positivas. Sirve para fortalecer relaciones y para conocer gente con gustos como los míos. Por supuesto, en los primeros días, fui uno de los incautos de pensar que el famoso de turno con el que me encontraba era el verdadero, no un impostor, jaja. A Twitter llegué a fines de 2009, pero empecé a usarlo seguido a mediados del año pasado. Hay gente que prefiere Twitter por sobre Facebook y viceversa. Muchos twitteros dicen que Facebook es careta, y los Facebookeros sostienen que Twitter es frío y tonto. En mi opinión, son dos buenísimos espacios para conocer gente, consolidar relaciones, difundir tus emprendimientos... y, muchas veces, caer en el boludeo más gratuito, jaja. Claro que depende de cada quién. Muchos creamos (me incluyo) en las redes sociales una versión ideal de nosotros mismos. De hecho, la mayoría no ponemos nuestras caras en el avatar. Hay personas que son super ácidas, pero en la vida real son tiernas como gatitos... o al revés. Quién sabe cuántos asesinos seriales hay por allí. (Uy, ya los puse paranoicos, jajaja). Hablando en serio, no juzgo si la gente proyecta otra imagen. Por mí está bien. Todos proyectamos determinada imagen ya en la vida real. Uh, creo que me estoy yendo por las ramas, jaja.

También tengo cuenta en MySpace y en Sonico, pero nunca las uso. Sí le presto atención a LinkedIn.

En definitiva, cada red social tiene lo suyo y está en uno saber explotarla.

7. ¿Quiénes integran A SALA LLENA?
Actualmente, los responsables máximos del site somos José Luis De Lorenzo, Tomás Luzzani, Rodolfo Weisskirch y un servidor. Quisiera mencionar también a Florencia Gasparini Rey, que estuvo en los primeros tiempos.

Y tenemos cerca de veinte colaboradores, todos muy buenos.

8. ¿Cómo surgió la idea de esta web? ¿Cómo mantienen la calidad y el ritmo de las publicaciones con el correr del tiempo?
José y yo escribíamos contenidos para el sitio de Chak Films, productora de Seba De Caro. En 2008 José me comentó la idea de una página web sobre cien, en la línea de Otros Cines, pero con más puntos de vista sobre una misma película, incluso si esa peli nos gustaba a todos. Recién en enero de 2009 no juntamos José, Flor y yo, y le dimos forma a lo que luego se conoció como A Sala Llena. Debido a lo carísimo que salía armar un sitio como el que queríamos, decidí armarla yo. No tenía tantos conocimientos sobre el tema y tampoco mucho tiempo, pero lo hice. Me la jugué. Y quedó la página que ves ahora: un ejemplo de lo que NO debería ser una página web. De hecho, pronto habrá un rediseño. Pero sirvió para empezar. Los contenidos superan la parquedad del diseño. Y no paramos de crecer. Hacemos críticas de los estrenos semanales; entrevistamos a personalidades del cine y del teatro, de Argentina y del exterior; cubrimos festivales y eventos... Eso se debe a que hacemos las cosas lo mejor posible, y me atrevo a decir que en varios aspectos somos más profesionales que unos cuantos veteranos del medio. Para empezar, no nos dormimos en las privadas, jajaja.

A continuación, la segunda parte.

Para verla en la página de Facebook, cliqueen aquí.


viernes, 4 de marzo de 2011

I LOVE LUCKY

Ya está online I LoveLucky, mi nueva ficción.
Atractivo. Moderno. Inteligente. Astuto. Rápido. Obsesivo. Irresistible. Son sólo algunos de los calificativos que se aplican a Lucky. Un playboy contemporáneo, que oculta un hobby no del todo convencional. ¿Qué clase de hobby? Para averiguarlo, deberán leer sus andanzas, narradas en cuentos que se irán publicando en este lindo blog. El primero se titula “Marky Mark” y pueden leerlo cliqueando aquí.

domingo, 14 de noviembre de 2010

TH♥M


Si bien muchos me conocen mayormente por notas periodísticas en medios como La Cosa y A Sala Llena, mi lugar en el mundo en la ficción. Algunos de mis cuentos están en este blog (Pueden leerlos acá), y en Revista Axolotl.

Ahora, para todos aquellos corazones rotos, llegó TH♥M.

Se trata de un corazón (ya no hablo metafóricamente: es un corazoncito de verdad) que no encuentra al amor de su vida, y cuando parece que sí... Bueno, para leer las primeras dos partes de esta historia, cliqueen aquí.

Si les gusta, vale recomendarlo. ¡Que se propague como la peste bubónica!


miércoles, 4 de junio de 2008

El incansable

—Ana.
No necesito darme vuelta: tengo esa puta voz grabada en la mente. Sigo caminando.
—¡Ana!
Apuro el paso.
—¡No te vayas!
¡Andate, pendejo de mierda!
Pero se adelanta y queda frente a mí.
Héctor es narigón, desaliñado, está lleno de granos; viste pésimo, huele peor... ¡Y encima le gusto!
—Escuchame un momento, Anita —dice, y casi se arrodilla.
—No tengo ningunas ganas de escucharte —digo.
Miro a nuestro alrededor. Nadie, ni siquiera pibes de otros cursos. El colegio había quedado lejos.
—Dale, Ana —trata de agarrarme la mano, pero retrocedo—. Por favor.
Cierro los ojos, bufo. Siento que voy a explotar. Trato de contenerme. No puedo. Me tiene los ovarios por el piso.
—¡Ningún por favor, nene! —le grito—. ¡Me tenés harta! Metételo en la cabeza: si es no, es NO.
Héctor baja esa mirada de pollito mojado.
—Ya lo sé —responde en voz baja—. Me lo dijiste muchas veces.
—¡Y entonces qué carajo hacés acá! Escuchame: van como seis meses que me venís rompiendo las bolas.
—Solamente dije lo que siento por vos.
—La primera vez te lo dije bien clarito: “Lo que vos sentís por mí, yo no lo siento por vos”. Creo que fui muy clara, Héctor. ¿O acaso no lo fui?
El boludo traga saliva.
—Parece que no, porque seguiste acosándome todo el tiempo —Imitando su voz, digo—: “Te amo, Ana”, “Sos el amor de mi vida”, “¿Querés ir al cine?”, “¿Vamos a McDonald’s?”... ¡Me cansaste, nene! ¡ME CAN-SAS-TE!
—Es que no podía evitarlo —dice, abriendo bien los ojos—. No me lo podía guardar. Sos demasiado hermosa. Tenés unos ojos de cielo, y tu pelo...
Me extiende una mano para tocarme un mechón, pero me doy media vuelta y sigo caminando.
Héctor camina junto a mí. Le digo que desaparezca.
—No sabés nada —me dice, y parece a punto de llorar—. Vos pensás así porque nunca amaste a nadie.
No quiero seguirle la corriente, pero lo hago.
—Claro que amé —digo.
—No creo.
—Estuve re enamorada de alguien.
—¿De quién?
—De Brian.
Se queda perplejo.
—¿Brian? —pregunta—. ¡Ah! El tarjetero que viene los viernes.
—No, ese es Kevin —digo—. Brian labura en “Pachá”. Era lindo y arrogante, como a mí me gustan. O sea, nada que ver con vos.
—Lo sé. Pero lo dejaste.
—Sí, lo dejé.
—Entonces eso no fue amor, Ana. El verdadero amor es para siempre.
No puedo creer las pelotudeces que estoy escuchando.
Héctor vuelve a ponerse delante de mí. Trató de pasar por un costado, pero saca un revolver del pantalón y me apunta a la cabeza.
Me quedo paralizada. Nunca me habían apuntado con un arma.
—¿Por qué no me amás, Ana? —abre mucho los ojos—. ¿Tan feo soy? ¿Tan estúpido te parezco? Te comento que no soy ningún idiota.
No puedo hablar. Estoy bloqueada. Tiemblo.
Escucho que una puerta se abre. Alguien dice:
—¡Qué está pasando, che!
Me doy vuelta. Un viejo asoma por una puerta de dos casas más atrás.
—Estoy harto de que se metan —dice Héctor, le apunta y dispara. El tiro da contra la pared. El viejo logra meterse en la casa y cerrar la puerta.
Tengo que controlarme, digo para mis adentros. Pero tiemblo y comienzo a llorar.
Héctor me agarra de los pelos y dice, apretando los dientes:
—No entiendo. ¿Qué le ves a esos tarjeteros de mierda? ¡NO SON NADA! —y le da una patada a la pared.
Le ruego que me suelte, pero vuelve a tironearme de los pelos y presiona el caño de la pistola contra mi sien. Está helado. Tiemblo aún más. Siento que me vejiga se afloja. Incontrolables chorros de orina me bajan por las piernas. Noto que otros vecinos se asoman por las ventanas.
—En la escuela todos tienen razón: aunque seas muy linda y tengas un culo deseable y tetas decentes y labios como los de Angelina Jolie, sos una pelotuda. Sos de esas minas que mejor se casan con un tipo de plata porque no saben hacer un carajo. Pero yo te amo igual. Nunca me vas a entender. Seguramente nunca vas a entender de amor. Ni de amor ni de nada. Pero te amo.
Me besa en la boca a la fuerza. Intenta meter la lengua a la fuerza. Noto que nunca besó a nadie en su vida. También me doy cuenta de dos hombres que se aproximan por detrás de Héctor, como si pretendieran detenerlo. Pero el maníaco deja de besarme, se da vuelta y les apunta.
—¿No se puede tener un poco de privacidad? —grita.
Pienso rápido y, tratando de que no me tiemble la voz, le digo:
—Yo también te amo.
Héctor parpadea.
—En serio —le toco la cintura—. Perdoname. Antes no me di cuenta. Pero ahora... Ahora soy tuya. Podemos tener una muy buena rela...
Aparta mi mano con el arma y dice:
—Estoy loco de amor, pero no soy tarado. ¿Te pensás que me creo cualquier mentira? Se nota que nunca quisiste conocerme. Pero ya fue. Te juro que partir de hoy, nunca más vas a querer a ningún hombre —y me apunta a la frente.
Cierro fuerte los ojos.
Nada.
—¡ABRÍ LOS OJOS, CARAJO!
Los abro con cautela.
Héctor se mete el caño del arma en la boca y dispara.

martes, 4 de septiembre de 2007

9:14:32

Se supone que los recreos deben ser un oasis en medio de clases aburridas, tareas interminables y profesores de los que mejor no hablar.
Para mí son un castigo.
En el otro extremo del patio, cerca del kiosco, Ceci y Mateo se miran sonrientes, las manos de ambos entrelazadas. Él dice algo, ella ríe. Las carcajadas se oyen por sobre el ruido de la muchedumbre y llegan hasta donde me encuentro.
Ceci es mi amor imposible. Una muñequita blanca, de pelo rubio, ojos verdes...
¿Qué habrá visto en Mateo?
Lo sé: carisma, plata, un parecido a Tom Cruise... Pero es un estúpido que se la pasa fastidiando a otros compañeros y también a los docentes. Como si esos chistes verdes que cuenta en medio de clase valieran algo. Se burla de todos. En especial de mí: me llama “Gnomo” o “Hobbit”. O, directamente, “Pelotudo”.
Y sí, admitamos que no me parezco a Mateo.
Soy inteligente y amable, más que nada con Ceci. Sin embargo, cada vez que me le acerco, le hablo y pago el pancho que acaba de comprar, ella me dice:
—¡Salí de acá, nenito!
¿”Nenito”? ¡Si los dos tenemos quince años!
En cambio, Mateo le dice dos palabras y la tiene a sus pies.
Es injusto. Nunca lo entenderé. ¡Ceci debería estar conmigo! Yo saco excelentes notas, me porto como corresponde, nunca le falto el respeto a nadie. Leo, leo mucho. ¡Mateo ni sabe quién es Poe, o Maupassant, o H. G. Wells! Yo sé cómo aprovechar el tiempo. Pero claro: a las chicas buenas —buenas entre comillas— les gustan los chicos malos. Deben verlos como sujetos que no le temen a nada, o algo así. Tal vez las mujeres son todas unas masoquistas.
Mateo y Ceci van al kiosco. Mientras él compra dos alfajores de chocolate, saluda sonriente a pibes de otros cursos, como si fuera el verdadero Tom Cruise. ¡Y encima esos zánganos, temerosos de su influencia, le devuelven el saludo! Ceci le pasa una mano por la cintura. Mateo se gira para mirarla e intercambian un beso de lengua.
Aprieto los dientes, cierro las manos. Mi corazón late acelerado, como si se preparase para explotar. Mi cuerpo hierve; casi siento humo manar de mis poros.
¡Basta! ¡Se terminó! Pasé demasiado tiempo conteniéndome.
Ese taradito no sabe quién soy.
Nadie lo sabe, en realidad.
Miro mi reloj: las nueve y trece minutos con cuarenta y dos segundos.
Suspiro, empiezo a concentrarme.
La parejita feliz sigue a los besos, ignorando lo que sucederá.
Cierro los ojos. Imagino un gigantesco reloj de estilo victoriano, en pleno funcionamiento.
9 horas, 13 minutos, 59 segundos.
Las agujas, de un diseño tan clásico y exquisito como el resto del aparato, provocan un estruendo al moverse.
9 horas, 14 minutos, 2 segundos.
Aumento mi concentración.
Está dando resultado: las agujas se mueven con más esfuerzo.
Abro los ojos.
A mi alrededor, la acción se desarrolla en cámara lenta. Como si fuera una película y alguien hubiera decidido ralentizar la imagen. Y los pibes hablan y ríen y corren como si nada. Me recuerda a uno de esos ridículos videoclips.
Mateo y Ceci se chuponean a la misma velocidad, lo que le da un aire más romántico, cosa que abomino.
Concentrate, concentrate...
9 horas, 14 minutos, 16 segundos...
Los movimientos de las agujas se hacen más débiles.
9 horas, 14 minutos, 18 segundos...
Primero se detiene la aguja pequeña, luego la grande, y, a lo último, la finita.
9 horas, 14 minutos, 32 segundos.
Ahora, los alumnos, estatuas de carne y piel.
Perfecto. Cada vez me sale mejor.
Me dirijo a la parejita feliz. En el camino empujo al bravucón de Raúl Ochoa, que cae sobre las baldosas provocando un ruido que resuena en un eco. Mis pasos generan el mismo efecto. Me encanta.
Me detengo junto a Mateo y a Ceci. Ambos habían quedado abrazados y a los besos.
—¿Quién te creés que sos, eh? —le digo al imbécil—. ¿Tom Cruise? ¿O algún otro malnacido con la sonrisa dibujada? ¡Vamos, respondeme! ¿Qué te pasa? ¿Te quedaste mudo?
Cierro fuerte un puño y le doy dos, tres, cinco golpes en la espalda. Se tambalea un poco. Mis nudillos quedan hechos un desastre. Pero no importa. En momentos como los de ahora doy gracias por haber nacido con cierta... capacidad especial.
—Ya vengo —le digo a Mateo—. No te vayas a ir, eh.
Enfilo a mi aula.
Junto a la puerta, los ahora rígidos Becerra, Schenone y Alejandro Martínez me impiden el paso. Empujo a los primeros dos para poder entrar. Voy a mi pupitre, abro mi mochila y saco el cuchillo de carnicero.
—Hoy vas a debutar.
Vuelvo con los patéticos tortolitos. Separo a Mateo de Ceci.
—Así que querés seguir apoderándote de la chica que amo, ¿no?
Lo apuñalo. Muchas veces lo apuñalo. En el estómago, en los brazos, en esa cara de galancito. Como supuse, la sangre no mana; recién comenzará a hacerlo cuando el tiempo vuelva al ritmo de siempre. Pero los tajos quedan muy simpáticos.
—Idiota —y culmino con un formidable corte en la garganta.
Noto que Ceci todavía conserva la posición del abrazo y los labios como si siguiera besando al cretino de su novio.
La odio. Comprendo que, aunque a Mateo le caiga un meteorito en la cabeza, seguirá detestándome.
La acuchillo en la cara y en los pechos, que son bastante abultados. Le subo la pollera del uniforme y la apuñalo varias veces ahí abajo, en esa zona.
—Te lo merecés.
De pronto mi mirada se topa con la de Ricky Ocampo, fiel lugarteniente de Mateo a la hora de molestar al prójimo. Ahora ríen frente a tres individuos que conozco de vista y también gustan de fastidiar.
No dudo en acuchillar a esos matones también, como tampoco al grupo de chicas cerca del mástil, ni a los dos afeminados de segundo año, ni a los de primero que juegan —mejor dicho, jugaban— al fútbol con una lata de Coca-Cola vacía...
Me canso. Respiro hondo. El brazo me duele de tanto moverlo.
Noto que ataqué a más de la mitad de la escuela. El frenesí me había llevado a más de lo que tenía en mente. Son cosas que pasan.
Voy al piso de arriba y me quedo en uno de los balcones que me dan una vista de todo el patio. Me focalizo en los tortolitos.
Antes de concentrarme en regresar el tiempo a la normalidad y presenciar un prometedor reguero de sangre cortesía de unos cincuenta educandos, me quedo viendo un pajarito suspendido en pleno vuelo. La lombriz que lleva en el pico permanece igual de inmóvil.
Debería usar mis poderes para cosas buenas, pienso. Mmm... Mejor no.
Me concentro de nuevo. Visualizo el fino reloj. Las agujas, en el mismo lugar que la última vez.
9 horas, 14 minutos, 32 segundos.
El entusiasmo por ver sangre entorpece la operación, pero me concentro más fuertemente.
Vamos, vamos, vamos...
Nada de nada.
Vamos, mierda...
¿Qué está pasando, eh? No sería nada lindo quedarme atrapado justo acá y ahora, con estos cadáveres petrificados.
Vamos, concentrate bien, vamooos...

miércoles, 29 de agosto de 2007

Jugando a la familia


Sin hermanitos ni amigas con quienes jugar, a Sol la vida le resultaba bastante aburrida y triste. En la Sala Verde no se llevaba bien con nadie. Eleonora, la vieja que la cuidaba, no le permitía salir a la calle ni ver televisión, y siempre la obligaba de mal modo a hacer la tarea. En cuanto a papá y mamá, nada de diversión: lo único que querían hacer no bien regresaban del trabajo era comer algo y dormir. Y cuando tenían tiempo la ponían a jugar con cosas feas, como las damas, o le compraban horribles muñecas que parecían monstruos. ¡Todo tan deprimente!
Pero cuando se enteró de que el tío Willy vendría al asado del domingo, Sol se puso a cantar y a bailar por toda la casa.
A diferencia de los demás, el tío Willy parecía tener tiempo para todo. Se la pasaba contando chistes y haciendo voces de animales, cosas que Sol disfrutaba. Con el tío Willy podía jugar a la mancha, a la escondida. La llevaba a pasear, corrían carreras por el patio.
Y también jugaban con las hermosas muñecas y ositos de peluche que él le traía. "Mi hijita postiza", solía decirle el tío. Sol no sabía lo que eso significaba, pero pensó que, viniendo del tío Willy, debía ser algo buenísimo.
Sí, el tío Willy era genial. ¡Y vendría de visita!


Por fin llegó el domingo.
La casa comenzó a llenarse de parientes, uno más aburrido que el otro. ¡Pero de repente apareció el tío Willy cargando un enorme paquete rosa!
—¡Tío!
Sol se lo arrebató, y al deshacer el envoltorio no pudo creerlo: ¡el precioso bebote que tanto ansiaba y que el malo de papá no quería comprarle!
—¿Te gusta? Viene con cuna y todo.
—Me encanta, tío Willy. Le voy a poner… Luli le voy a poner. Luli, eso.
—¿Luli? Bonito nombre.
—Vayamos a jugar con él.
—Por supuesto —vieron que todos se sentaban a la mesa—. Me parece que el asado ya está, así que dejémoslo para después de comer, ¿sí? Después de comer jugamos a todo lo que quieras.
Contenta, Sol abrazó al tío Willy y, tal como le había enseñado mamá, agradeció el regalo.
El asado y las ensaladas eran abundantes, pero, como ocurría a menudo, nadie pudo comer bien: no dejaban de reírse de los chistes y las historias del tío Willy.
—¡Qué maestro, che! —le dijo el tío Osvaldo.
—¡Vos sí que sos un loco, Willy! —dijo el abuelo José.
Sol no comprendía aquellos chistes, tan diferentes de los que le contaba solamente a ella. Fue hasta el asiento del tío Willy.
—Juguemos a la escondida, tío.
Sol vio que el resto de la familia la miraba, enternecida.
—Acá adentro, no —dijo papá, terminante.
—Afuera hace frío —dijo el tío Willy—, y recién terminamos de comer.
Aun cuando le decía que no a alguna cosa, el tío Willy seguía siendo muy simpático y bueno.
—Podrían ir a jugar con la muñeca nueva —propuso mamá.
—¡Claro! —dijo el tío Alberto—. A la familia jueguen.
La madre sonrió:
—Es lo que jugábamos nosotros cuando éramos chicos, ¿te acordás?
—¡Qué buena idea! —dijo Sol, contenta. Ella también jugaba a la familia, y bastante seguido. Disfrutaba siendo una mamá buena y cariñosa.
Agarrados de la mano, Sol y el tío Willy fueron al piso de arriba. Los demás se habían puesto a charlar en voz muy alta. Por suerte, cuando entraron a la habitación de la niña y cerraron la puerta, ya no se sintió mucho.
—Me encanta tu cuarto —dijo el tío Willy, mirando a todas partes—. Siempre tan prolijo.
A Sol le gustó el elogio: aquella mañana se había encargado de hacer la cama ella solita; incluso había limpiado el piso y los muebles. El tío no debía ver nada sucio.
El tío se agachó juntó a Luli, que dormía en la cuna.
—Estaba cansado por el viaje —dijo Sol—. Ya se está por despertar.
—¿Empezamos a jugar? —el tío Willy agarró a Luli.
—Sí. Yo soy la mamá, vos el papá y Luli nuestra hijita, ¿dale?
—Perfecto.
Sol fue hasta el baúl de los chiches y sacó un juego de tazas y platos que el tío le había regalado en la visita anterior, y preparó el desayuno. Al tío le gustó, como siempre, y también a Luli. Después vieron tele, cruzaron la calle, pasearon por el zoológico de Disneylandia... y volvieron a casa, listos para dormir.
Mientras Sol acunaba a Luli, el tío Willy dijo:
—Ya que somos padres, pensaba...
—¿Sí?
—Pensaba que podríamos hacer lo que hacen todos los papis, Sol.
—No te entiendo.
—Los papis de verdad hacen cosas que a vos no te dejan ver, pero que son muy interesantes. Podríamos hacerlas, ¿te parece?
Sol seguía sin entender.
—No, no entiendo —dijo—. ¿Qué hacen los papis?
El tío cerró la puerta con llave.
—Los papis hacen… —le dijo, al tiempo que se arrodillaba junto a ella—. Hacen cosas como esta —y la besó.
Sol se quedó desconcertada. Siempre le daban besos en la mejilla, nunca en la boca.
Como tenía por costumbre, el tío comenzó a acariciarle el pelo. Y después hizo algo distinto: la mano bajó al brazo, siguió por la cintura. Y llegó a la cola, que apretó fuertemente.
Sol recordó que mamá y papá sí se besaban en los labios y se tocaban el cuerpo, y volvió a sonreír. El tío Willy tenía razón: estaban haciendo algo que hacían todos los papis.
El tío comenzó a bajarse el cierre del pantalón. De la bragueta abierta sacó algo llamativo, como un gusano rojo y feo que se volvía cada vez más gordo.
A Sol le causó mucha gracia, y más cuando el tío apretó al gusano y comenzó a sacudirlo. ¿Papá también tendría uno de esos? ¿Haría papá lo mismo?
—Vení.
Sol no se atrevía. Aquella cosita era cómica, pero le daba miedo tenerla tan cerca.
—Vení. Acercate.
Un terrible chorro salió del gusanito y le empapó el buzo y la alfombra del piso. Descubrió que también había alcanzado a Luli: toda la carita estaba enchastrada de un líquido blanco, como una leche pegajosa.
—La manchaste, tío —Sol empezó a limpiarla con la manga de su buzo.
—Podrías —dijo el tío cariñosamente—, podrías limpiarla con la lengua.
Sol puso cara de asco.
—¿Con la lengua?
—Con la lengua.
—¿Esto también hacen los papis? Papá y mamá, no.
—Lo hacen todo el tiempo.
Sol obedeció. Probó con la punta de la lengua y puso cara de asco.
—No me gusta —miró al tío Willy.
—¿Qué pasa? ¿Ya no te gusta jugar conmigo?
—Me encanta jugar con vos.
—¿Y entonces, Sol? Vamos, lamelo como un gatito.
Sol sonrió y se acercó otra vez a la cara de la muñeca. Al principio tuvo arcadas, pero luego se acostumbró.
—Eso. Ahora acostate en la cama.
Sol hizo caso.
—Boca abajo acostate.
El juego se hacía cada vez más extraño, pero Sol no podía dejarlo. ¿En dónde había aprendido el tío aquellas cosas?
—¿Y ahora qué, tío?
Sintió que le sacaba los pantaloncitos, le acariciaba la cola.
—Tío...
Oyó que se subía a la cama, justo sobre ella.
—Tío Willy...
—Los papis siempre se acuestan juntos —dijo—, ¿te acordás?


—¡Sol! ¡Willy! ¡Bajen, que se están perdiendo el postre!
—¡Ahora bajamos! —contestó el tío.
Sol sintió que el tío se bajaba de la cama.
—Yo nunca te pido nada —dijo el tío Willy mientras se subía los pantalones—. Pero esta vez voy a pedirte algo.
Sol trató de pararse, pero le dolía. El tío la ayudó a ponerse el pantalón.
— De esta parte del juego no hables con nadie. ¿Está bien?
—Está bien. —Juralo, como te enseñó tu papá.
—Lo juro.
Bajaron al comedor, donde todos charlaban. Había helado de chocolate y frutilla.
—¿Jugaron mucho? —preguntó mamá.
—No divertimos como locos —dijo el tío, sonriente.
—¿Cómo sos, eh? —Mamá rió—. La consentís demasiado, Willy.
—No me molesta para nada.
De repente mamá puso cara de preocupación.
—¿Estuviste llorando, Sol?
—En un momento se cayó y lloró un poco —el tío miró a Sol y le acarició el pelo—. Pero la abracé y se tranquilizó. Es una divina.
Se sentaron a la mesa. Sol no tenía demasiada hambre, pero vio que el tío comía a lo bestia.
 Le gustaba verlo tan feliz.