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martes, 26 de agosto de 2008

Viaje de egresados

Días de nostalgia fueron estos últimos.
Hace diez años estaba en Bariloche, disfrutando del viaje de egresados. Los que fueron ya saben: nieve, frío seco, alcohol, sexo (bueh, en mi caso no), alcohol, el Centro Cívico, alcohol, esquíes, alcohol, el Cerro Catedral, alcohol, quilombo, alcohol, noche, alcohol, alcohol, alcohol. Fue un pub barilochense el escenario de mi primera experiencia etílica. Hice una apuesta conmigo mismo y una noche me tomé todo, y todo junto: Pronto Shake, cerveza, el contenido de cualquier jarra loca... Se imaginarán cómo quedé.
Estuvo genial el viaje. Mis compañeros –sobre todo los varones- tenían buena onda, los coordinadores se portaron (aunque nunca supe por qué los Juniors se pelearon con ellos y terminaron en nuestra habitación. ¿Se habrían cansado de que el rubio mintiera tanto con la edad?) y la empresa por la que viajamos cumplió.
Y esos paisajes... Creo que fui el único boludo que le sacaba más fotos a las montañas y lagos que a mis compañeros. ¿Podré volver a la Patagonia?
Resulta inevitable pensar “Hubiera hecho esto o aquello”o “Por qué miré tanto a esa pendeja” o “Por qué me emborraché tanto la noche de despedida, en Ski Ranch”, pero igual la pasé super. Me acuerdo de cuando casi me levanté a una perra oriunda de Belgrano. Se llamaba Jorgelina. Lástima que yo estaba muy hecho percha y no pude hacer nada más que acariciarle el pelo.
A pesar de que hubo mucha joda (pero ninguna excesiva, eh), también me acuerdo de esos momentos intimistas, como el de aquella madrugada regresando al hotel. Íbamos Ramiro, Mayer, yo y dos pibes más (mi memoria es buena, pero no prodigiosa). En el camino paramos a comprar churros recién preparados, que devoramos en lo que quedaba del trayecto. Me divertía mucho con mis compañeros: Esteban, Javi, Ramiro, Ale Mola, Mayer (pese a su gusto por fotografiar gente bañándose), Estani, el Abuelo, el Chino, Tweety, Santiago, los pibes del colegio de Avellaneda (uno, igualito a Wesley Snipes). De las chicas destaco a María José. ¿Cómo andará ahora? Espero que de lo mejor.
Le dedico un párrafo aparte a Sebastián Martínez, alias Uruguayo, alias Manteca, alias Yoru, alias Negro. Un tipazo. Hacía un striptease en cualquier contexto y sin importar las bajas temperaturas. Ya en el viaje de ida se puso tan en pedo que, luciendo una camiseta de su Banfield querido y reptando por los asientos, gritaba: “¡Turdooo, Turdooo!”, en referencia a un jugador de su equipo. Muy jodón, Manteca, pero también muy humano. Hace poco me enteré de que estaba en España y que, de paso por territorio alemán, logró colarse en un partido que nuestra selección disputaba con motivo del Mundial más reciente. Un maestro.
En este momento exacto ya estábamos de regreso, todos hechos mierda en el micro.
No me resisto a postear algunas fotos de aquel viaje.

Una de las típicas fotos grupales.

Bailando en una cabaña. Fue durante una de las primeras excursiones, no recuerdo nada. ¿Era la de la Chocotorta? El alcohol me quemó varias neuronas, sepan disculpar.

La bandera del curso. ¿Porqué no saqué más de cerca? ¡Maldita resacaaaa!


Estani y Esteban. Nunca les di copia de esta foto. ¿Quedó bien, muchachos?

Tweety, el Yoru, Martín López, Gorrita (soy yo, bah) y Ramiro, luego de manejar el cuatriciclo. Al toque jugamos un fulbito a unos pocos metros. Enchastrados de barro y todo jugamos.

Sí, estuvo muy bueno el viaje.