martes, 30 de septiembre de 2008

Fin de semana de locura


El 27 de septiembre de 1998, un grupo de amigos decidió organizar una superpicada en Avellaneda. El ritual se repitió a lo largo de los años, con cada vez más variedad de comida y más gente. El sábado pasado se cumplió el 10º aniversario de lo que se dio en llamar el Día de la Picada.
Para celebrarlo, los organizadores apostaron fuerte: mudaron el evento de la Zona Sur del GBA a una quinta ubicada en Punta Indio. Fuimos en micro y nos quedamos sábado y domingo.
Un fin de semana a puro salamín, queso, pan, asado bajo la llovizna... y muchísima fisura.
Tan extenso es lo que hay para contar y para mostrar, que deberé postearlo por entregas.
La primera se titula La ida.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Gracias por todo, maestro


Como este fin de semana estuve fuera de la civilización -después les cuento por qué-, recién hace poquito me enteré de la terrible noticia. Es verdad, Paul Newman no andaba nada bien de salud. Su final se veía venir. De todas maneras, no deja de ser una pérdida muy triste.
Ojalá esté en un lugar como se merece. Por lo pronto, nosotros podemos recordarlo a través de sus películas, que no es poco.
Una vez más, gracias, Paul, por tanto talento.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Como un misil

Lo admito: no tengo demasiada cultura teatral. Mucho menos de teatro under. Y no porque odie el teatro. Me gustaría ver obras, pero vivo lejos de Capital y se complica.
Sin embargo, el viernes 19 me las arreglé para ver Mísil Children, que supe publicitar en este blog.
Al entrar en la sala, es como si esta obra -escrita y dirigida por la actriz Mariana Levy- ya hubiese empezado: una muchacha(pronto nos enteramos que se llama Angy, interpretada por Gisela Vlatko) baila al son de Pulp. De fondo, un cuarto con tres camas y diferentes chucherías. Enseguida aparecen las otras dos moradoras: la tierna Majo (Salomé Boustani) y Luli (Julieta Halac). Las tres hermanas Mísil, quienes, entre anécdotas de ex novios y traumas infantiles, no paran de hablar ni de reír ni de pelearse durante toda la noche.
Mísil Children va de la comedia al drama con mucho tino (Hay que saber manejar los elementos tragicómicos). Además, es estilo es muy cinematográfico. No sólo es posible apreciar toneladas de referencias cinéfilas, sino que también hace uso de recurso mas vinculados al séptimo arte.
Como en toda obra de teatro (al menos, si es aplaudida por el público, como sucedió en este caso), los culpables máximos bajaron a saludar al público, entre los que había algunos amigos. Fue un placer reencontrarme con el actor Javier Pedersoli a quien –como a Levy- conozco de Recortadas. Un tipo bárbaro. Le dije que lo había visto en Vidas Robadas haciendo de un médico al que Juan Gil Navarro le hace pasar un mal momento. Me contó que estuvo genial trabajar con él y con Solita Silveyra.
Un rato después, acompañé a gran parte de equipo a cenar en un bar de Corrientes y Medrano (o por ahí, bah). Justo encontramos al padre de Mariana, quien venía de ver el trabajo de su hija. Antes de marcharse con sus amigos y parientes, el señor dice: “Pinocho dice que se va. Pinocho se fue” (Las hermanas Mísil llaman Pinocho a los personajes de películas).
Buena obra, buena gente, buen clima humano... ¿Qué más pedir?
Los dejo con algunos momentos Kodak.


Tarjetas de las obras.

Javi Pedersoli sostiene una de ellas.

El baile de Angy.

La escenografía, con la carpa del final.

Mariana Levy y cara de feliz cumple. Parecía una nena con esa ropa.

Salomé Boustani y Julieta Halac, pura sonrisa.

Copa de vino en mano, Gisela Vlatko posa cual diva.

Pura belleza: Cecilia Zabaleta, vestuarista de Mísil..., y una Mariana un tanto borrosa.

El público discute la obra.


Vean Mísil Children los viernes a las 21 hs. en el Abasto Social Club (Humahuaca 3649). Reservas al 4862-7205

Hablando de espías…


No nos olvidemos de Bond, James Bond. Falta menos para que se estrene su nueva película, Quantum of solace. Sigue Daniel Craig como 007, el tono será como el de la magistral Casino Royale, Bond quiere venganza y el villano de turno es el francés Mathieu Amalric, un grande entre los grandes. ¡Hay que verla YA!
Los dejo con el trailer.


Search and destroy


A través del teléfono celular, Bryan Mills (Liam Neeson) escucha cómo su hija es secuestrada en Paris. Los captores no saben que Bryan es un ex agente especialista en el arte de torturar y matar, al que mucho, mucho no le gusta que se metan con su familia.
Vaya sorpresa me llevé con Búsqueda implacable, dirigida por el ignoto Pierre Morel pero craneada por el infatigable Luc Besson. Ni es exactamente una película de venganza, pero se asemeja a lo mejor –y más crudo- de ese subgénero. Para que se den una idea, el protagonista no tiene problemas en dispararle a la esposa de un policía corrupto con tal de conseguir datos que lo conduzcan a su primogénita. ¿Golpe bajo? No: pelotas bien, pero muy bien puestas. Lo mejor de está clase de films es que, si bien los malos son de lo peor, nuestro (anti)héroe no está muy lejos. Mejor no cruzártelo si tiene un mal día.Mientras esperamos la demorada Sentencia de muerte, de James “El juego del miedo” Wan, no dejen de ver Búsqueda implacable. Delen, que no durará demasiado en cartel.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Primavera ‘98

21 de septiembre. Día de la Primavera, también conocido como Día del Estudiante, ya que los jóvenes dejan a un lado los libros para salir de paseo, preferentemente de picnic a un parque.
En mis dos últimos años de secundaria íbamos con los pibes a una casa de campo en Longchamps, que pertenecía a familiares de nuestra compañera Natalia Pérez Corso.
Quisiera recordar precisamente la última visita a ese lugar, en septiembre de 1998. Como el 21 caía domingo (igual que ayer), fuimos el sábado 20 y nos quedamos hasta la tarde del día siguiente. Debido a que nosotros estábamos en Banfield, viajamos en combi. Si la memoria no me traiciona, ese sábado estaba gris, y hasta lloviznaba. Viajamos una buena parte del curso (algunos ya los mencioné en el post sobre mi viaje de egresados), y otros pibes también: el Yoru, Esteban, Javi, Ramiro, el Chino, Estani, el Abuelo, el grosísimo Juan Schenone, Ale Martínez, Pali, Fede Báez, Martín López, el por entonces gordo Santiago y su hermano Matías. Por el lado de las chicas, además, de Natalia y sus inseparables María Sol y Paula, el grupete de Ana Clara –mi amor imposible de aquella época- y hasta Wanda y Noelia. Si olvido mencionar a alguien, perdónenme. Mi memoria tiene un límite.
Para el camino llevé Crash, de J. G. Ballard. Prácticamente no leí ese fin de semana, pero andar con un libro así funcionaba para hacerse de cierta reputación (¿¿¿???).
Hermoso lugar aquél. En ese terreno había dos viviendas: un caserón semivacío y, a pocos metros, otra construcción, con un piso arriba inundado de novelas y de la obra completa de Freud. ¿Algún psicólogo en la familia de Natalia? Si no me equivoco, la madre.
Esa tarde nos dedicamos a acomodarnos así nomás y, ya oscurecido, retomamos un juego muy popular el año anterior: una suerte de escondidas, pero en grupos. Cada grupo debía buscar al otro. Y nos escondíamos detrás de macetones, en los escalones de una pileta vacía, detrás de árboles o de arbustos, entre una huerta... Estaba buenísimo perderse entre la vegetación y las sombras. Y tardábamos en encontrarnos. Sí, nos divertíamos como niños.
Ese fue uno de los momentos inolvidables de aquel fin de semana. Pero hubo otros.
¿Cómo no acordarme de aquella madrugada con los pibes, alrededor de un fogón, después de cenar hamburguesas a la parrilla? Algunos permanecieron despiertos hasta el amanecer, entre mate y truco (el famoso y nunca bien ponderado Rompeculo). Otros nos quedamos dormidos en autos o en algún sector de las viviendas. Como era de esperarse, me quedé hojeando algunos de los mencionados libros.
Al día siguiente salió el sol y pudimos disfrutar de los que nos ofrecía aquel paraje. Hubo asado, fútbol, un Yoru queriendo empapar a las chicas con una sustancia pegajosa (no recuerdo qué era, pero eso que se imaginan seguro que no), más fútbol, merienda sobre el pasto cortado. De fondo, música proveniente del equipo de audio: Bob Marley, Peter Tosh, Willy Crook, Body Count, el soundtrack de Pulp Fiction, y hasta Chala Rasta, la banda de un coordinador de Compañía Argentina de Turismo al que conocimos en el viaje a Bariloche. Y cuando no escuchábamos nada del grabador, Fede tocaba su órgano (ese órgano no, eh, sino uno que sonaba pipi cucú) y Ale Martínez le daba a su guitarra criolla. Con ella cantó desde viejos éxitos ochentosos hasta jingles de golosinas que todos coreábamos.
Me moría de ganas de sacarle una foto a Ana Clara y a Sabrina, las chicas de la división que estaban más buenas. Como sabía que ninguna me permitiría fotografiarlas, y sin que ellas se dieran cuenta, hice que el Yoru les sacara con mi cámara. Quedó genial.
Tampoco perdimos la oportunidad de escuchar los partidos de fútbol. Otra prueba de que mi memoria puede fallar: no sabría decirles qué equipos se enfrentaron ni los resultados. Ojalá hayan ganado Boca y Lanús.
Fue anocheciendo y llegó la hora de regresar. Así terminaba el último picnic de Primavera de mi etapa estudiantil.
Para finalizar, comparto con ustedes algunos momentos Kodak.


Javi, Pali, Juan, Fede, Matías y Ale.

El Yoru trata de emular a Freddy Mercury usando como capa la bandera del curso.

El sábado por la noche pinta hacer música. Ale y el Yoru observan a Fede, quien, sin dejar de tocar, mira para el mismo lado que Juan.

Ya de día, Juan y Javi quieren seguir con la onda musical. Qué mal sacaba fotos en esa época.

Ramiro vigila el asado. A la derecha, Paula y Natalia hablan con el Chino.

Pintó el fulbito. Esa tarde no la rompí como en el ‘97, pero igual estuvo bueno.

El Chino, Matías, Ale y Juan, después del partidito.

Cerveza en mano, Ale luciendo su camiseta de Talleres de Remedios de Escalada. Ramiro le da la espalda, seguro porque es de Independiente. Si mal no recuerdo, sonaba o Body Count o Pulp Fiction.

Parte del grupo retozando en el césped. ¡Qué cara la del Yoru!

domingo, 21 de septiembre de 2008

Feliz cumple, Rey


Siguiendo con el terror, hoy Stephen King sopla 61 velitas. Gracias por escribir tantas oscuras maravillas.

Además, 15 de septiembre se cumplió un nuevo aniversario del nacimiento de Adolfo Bioy Casares. No quería dejar de recordar a ese gran maestro.