miércoles, 13 de mayo de 2009

El silencio de Lorna


Las películas de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne no son para cualquiera. Por lo menos, no para verlas en el momento menos agradable en la ida de uno. En dramas cuasineorrealistas (¿?) como Roseta --nunca estrenada comercialmente en Argentina--, La promesa, El hijo y El niño, estos señores oriundos de Bélgica se ocuparon en mostrar personas (“personajes” sonaría demasiado artificial en estos casos) que pasan por situaciones dolorosas y tendrán que tomar decisiones muy difíciles. No son películas masivas sino más festivaleras. De hecho, se llevaron unas cuantas Palmas de Oro en Cannes (en la edición actual darán una Master Class).
El silencio de Lorna es su más reciente patada en lo más bajo.
Lorna (Arta Dobroshi), una inmigrante ilegal albanesa, convive con Claudy (el hiper groso y versátil Jérémie Renier), un drogadicto al que debe mantener. Se trata de una relación por conveniencia, ya que es parte de un trato con Fabio (Fabrizio Rongione), un taxista y mafioso, para que Lorna pueda obtener la ciudadanía belga y así abrir un bar con Sokol (Alban Ukaj), su verdadero novio y compatriota. Lorna comienza a sentir una atracción por Claudy, muy a pesar de los problemas del tipo. Pero el trato con el mafioso no terminó: la mujer también deberá casarse con un ruso que, como ella, quiere la nacionalidad. Y eso implica tomar medidas extremas para con el pobre Claudy, quien parece no importarle a casi nadie.
Una vez más, los Dardenne se valen de planos secuencias --que seguro aprendieron filmando documentales-- para darle una autenticidad demoledora a cada fotograma. Como si compartieran con el espectador una porción de las vivencias de esa gente, sin nunca juzgar sus actos. A diferencias de sus opus anteriores, aquí la cámara no se mueve tanto sino que permanece más tiempo fija.
Es terrible saber que los sucesos que describe la película suceden todo el tiempo en Europa, donde muchos de quienes pretenden obtener la ciudadanía debe recurrir a diversas trampas.
Una película fuerte, nada fácil de digerir, pero imperdible. Antes de ir a verla, no olviden llevar Carilina.

1 comentario:

EL ODIANTE dijo...

Coincidimos en esta mi amigo. A mi me gustó mucho, si bien le falta la intensisdad de los trabajos anteriores de estos muchachitos: la cámara está más alejada, la fotografía es más fría. Para mi, un 8.